Secuelas por redadas de Misisipi se acentúan en niños cuyos padres siguen en prisión

Secuelas por redadas de Misisipi se acentúan en niños cuyos padres siguen en prisión

 


Secuelas por redadas de Misisipi se acentúan en niños cuyos padres siguen en prisión

 

Entre 200 y 250 migrantes siguen en prisión, muchos piensan desistir de pelear sus casos y retornar por su cuenta a Guatemala, aunque llevan años viviendo en EE. UU.

 

 

Para decenas de familias guatemaltecas que viven en Misisipi la pesadilla que comenzó el pasado 7 de agosto con las sorpresivas redadas de migrantes no ha terminado —y no se prevé que vaya a terminar pronto—; es más, las secuelas han empeorado en los niños, sobre todos los más pequeños que no terminan de comprender por qué no tienen a su papá o mamá (o a ambos) cerca.

 

 

En aquella fecha, siete redadas coordinadas por el servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés) llegaron en horas de la mañana de forma sorpresiva a plantas procesadoras de pollo en seis ciudades de Misisipi y capturaron a 680 personas, casi 400 de ellas guatemaltecas.

 

Aunque al día siguiente dejaron en libertad a cerca de 300 por cuestiones humanitarias, hoy en día, por entre 200 y 250 esperan audiencias judiciales en cortes de inmigración y también federales puesto que son acusadas de varios delitos como usurpación de identidad y uso de documentos falsos ya que habrían utilizado documentos de seguro social que no son de ellos para conseguir trabajo.

 

Uno de los casos es el de María Domingo García, una madre mexicana cuyo esposo, guatemalteco, se ha tenido que hacer cargo de los tres niños Henry, de 11 años, Alan, 3 y Jakelin de apenas siete meses.

 

Vía telefónica el padre de los menores, Manuel (nombre ficticio, ya que prefiere no ser citado por motivos de seguridad), contó a Prensa Libre lo difícil que ha sido llevar la vida desde el pasado 7 de agosto y cómo los planes familiares cambiaron, ya que pasaron del regocijo de haber comprado una casa en Misisipi a pensar seriamente a regresar a vivir a Guatemala.

 

Manuel tiene 17 años de vivir en Misisipi. Narra que desde el pasado 7 de agosto le ha tocado vivir “días difíciles”, debido a que ha tenido que decirle a Alan que su madre está trabajando; además, recuerda que la pequeña aún era amamantada.

 

 

“Han sido días tristes porque yo estoy encargado de los tres niños. Para tratar de que la pena no sea tan grande, pues lo que me queda es ir a la iglesia y pedirle a Dios; además, tengo que aguantarme para no demostrar ante mis hijos esta tristeza que tengo… tengo que luchar porque no hay de otra”, dice este migrante de 34 años evidentemente afectado al hablar de su esposa.

 

Cuenta que le ha costado hallar la forma de cuidar a sus hijos ya que los días en los que debe trabajar debe encontrar a alguien que los cuide. Al salir del trabajo los pasa a traer y luego los lleva a casa donde cocina para ellos.

 

A Manuel le gustaría cuidar a sus hijos todos los días, pero tiene que trabajar; sin embargo, el empleo es algo que escasea estos días por Misisipi para los migrantes en condición irregular o que hayan enfrentado problemas con Inmigración, por ese motivo debe de conformarse con el empleo que le da un “conocido estadounidense” a veces una, dos o tres veces por semana.

 

Manuel, originario de Suchitepéquez, dice que espera un milagro de Dios para que su esposa pueda salir libre y reencontrarse con la familia.

 

 

“Yo solo pido que no la encierren por mucho tiempo porque no se lo merece. Queremos que nos den una oportunidad en este país porque el único error que cometimos es estar aquí si papeles. Nosotros no hacemos nada malo, solo trabajamos, buscamos una vida mejor, trabajando honradamente”, asegura Manuel.

 

No obstante el anhelo de una mejor vida para su familia, este padre guatemalteco dice que debido al sufrimiento que atraviesan están pensando renunciar a la pelea del caso de asilo de María y regresar a Guatemala con su esposa y los tres niños.

 

Aunque María nació en Chiapas, México, no tiene a ningún familiar allá puesto que sus padres son guatemaltecos.

 

 

menores de edad se calcula que fueron impactados con las redadas del pasado 7 de agosto en Misisipi.

 

Si María, a quien no le han querido otorgar fianza en varias comparecencias ante un juez, acepta firmar una orden de salida voluntaria podría salir de prisión en días, pero estaría obligada a abandonar EE. UU.

 

“No podemos aferrarnos a algo que no podamos lograr, a estar en un lugar donde ya no nos quieran porque en este país quizás hay un odio hacia nosotros. Mire los maltratos que nos dan, entonces mejor es renunciar, para que no salgan tan afectados los niños porque ellos no tienen la culpa de lo que está pasando”, dice Manuel con resignación.

 

 

Concluye con la única esperanza a la cual también se aferran decenas migrantes guatemaltecos: “Esperamos un milagro de Dios porque como dice en su palabra para él nada es imposible”.